TECNOLOGÍA

Dejaban pendrives infectados en los buzones: el método de los hackers que convirtió la curiosidad en una amenaza

Una modalidad de ciberdelito detectada hace una década utilizaba memorias USB con programas maliciosos que llegaban directamente a los hogares. El objetivo era que las personas conectaran los dispositivos a sus computadoras y facilitaran, sin saberlo, la infección de sus equipos.

Antes de que los ataques informáticos se expandieran mediante campañas digitales masivas, los ciberdelincuentes también recurrían a métodos físicos para acceder a las computadoras de sus víctimas. Una de esas estrategias consistía en dejar memorias USB infectadas en buzones domiciliarios, apelando a la curiosidad de quienes las encontraban.

La técnica volvió a tomar relevancia a partir de un caso registrado en septiembre de 2016 en Pakenham, un suburbio de Melbourne, Australia, donde la Policía del estado de Victoria alertó sobre la aparición de dispositivos USB sospechosos en viviendas particulares.

Cómo funcionaba el engaño con las memorias USB

Según la información difundida por Infobae, los dispositivos encontrados no tenían marcas comerciales ni envoltorios que permitieran identificar su procedencia. El propósito era que los vecinos los conectaran a sus computadoras para descubrir qué contenían.

La maniobra se conoce como baiting, una técnica de ingeniería social que utiliza objetos o incentivos para despertar la curiosidad y conseguir que una persona realice una acción que comprometa su seguridad.

En el caso australiano, las memorias ofrecían supuestas promociones relacionadas con servicios de streaming. Al intentar acceder a esos contenidos, los usuarios podían ejecutar archivos que contenían software malicioso.

El riesgo del ransomware

El programa distribuido mediante los dispositivos fue identificado en la publicación como una variante de ransomware, un tipo de malware que puede cifrar archivos y exigir dinero a cambio de su recuperación.

Una vez ejecutado, el software podía afectar documentos, fotografías y bases de datos almacenados en el equipo. La víctima se encontraba entonces ante la posibilidad de perder el acceso a su información o recibir una exigencia de pago para intentar recuperarla.

Este tipo de ataque demuestra que el riesgo informático no depende únicamente de los mensajes recibidos por correo electrónico o de los enlaces que circulan por internet: también puede comenzar con un dispositivo físico de procedencia desconocida.

Un experimento universitario reveló el poder de la curiosidad

En abril de 2016, investigadores de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign y de la Universidad de Michigan realizaron un estudio para analizar cómo reaccionaban las personas ante memorias USB abandonadas.

Los investigadores distribuyeron 297 dispositivos en diferentes espacios de un campus universitario. De acuerdo con los resultados citados en la publicación, el 48% fue recogido y conectado a una computadora.

La experiencia mostró que una parte importante de los participantes estaba dispuesta a conectar dispositivos desconocidos, ya fuera por curiosidad o con la intención de encontrar información que permitiera identificar a su propietario.

El estudio puso de manifiesto que la ingeniería social puede aprovechar comportamientos cotidianos para generar oportunidades de acceso a sistemas informáticos.

Por qué estos ataques fueron dando paso a otras modalidades

La distribución física de memorias USB requería adquirir dispositivos, trasladarlos hasta los lugares elegidos y exponerse a ser identificado durante su colocación. Además, el alcance de cada operación quedaba limitado a las zonas donde se dejaban los elementos.

Las campañas digitales, en cambio, permiten llegar a muchas más personas sin necesidad de entregar un objeto físico. El correo electrónico, las páginas fraudulentas, los archivos maliciosos y otras técnicas de ingeniería social ampliaron las posibilidades de los ciberdelincuentes.

Sin embargo, la utilización de dispositivos USB desconocidos continúa siendo un riesgo que conviene tener presente.

Cómo proteger una computadora de una memoria USB desconocida

Para reducir el riesgo de infección, es importante adoptar algunas precauciones básicas:

  • No conectar memorias USB encontradas en la calle, en buzones o en lugares públicos.
  • Evitar abrir archivos de dispositivos cuya procedencia no pueda comprobarse.
  • Mantener actualizado el sistema operativo y utilizar herramientas de seguridad confiables.
  • Desactivar la ejecución automática de contenidos cuando el sistema lo permita.
  • Si se conecta accidentalmente un dispositivo sospechoso, evitar abrir sus archivos y solicitar asistencia técnica si existen indicios de infección.

La principal recomendación es no confiar en un dispositivo únicamente porque parece inofensivo. Una memoria USB desconocida puede convertirse en una vía de entrada para programas maliciosos.

Lectura rápida

¿Qué método utilizaban los ciberdelincuentes?

Dejaban memorias USB infectadas en buzones domiciliarios para inducir a las personas a conectarlas a sus computadoras.

¿Dónde se registró el caso de 2016?

En Pakenham, un suburbio de Melbourne, Australia, donde la Policía de Victoria emitió una alerta.

¿Qué es el baiting?

Es una técnica de ingeniería social que utiliza un objeto o incentivo para despertar la curiosidad y conseguir que una persona realice una acción riesgosa.

¿Qué daño podía provocar el malware?

El ransomware podía cifrar archivos personales y exigir un rescate para intentar recuperar el acceso a la información.

¿Cómo se puede prevenir este tipo de ataque?

Evitando conectar memorias USB desconocidas y manteniendo actualizadas las herramientas de seguridad de la computadora.

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