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El adiós silencioso de Gallardo: crisis interna, un plantel sin reacción y el final de un ciclo histórico en River

La salida de Marcelo Gallardo como entrenador de River Plate no fue una decisión impulsiva ni aislada. El segundo tiempo ante Vélez encontró al DT todavía en el banco, pero con la determinación ya tomada. El desgaste interno, la falta de respuestas futbolísticas y un vestuario tensionado aceleraron un final que el propio Muñeco venía procesando en silencio.

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Un entretiempo que marcó el quiebre

Desde adentro cuentan que el entretiempo fue áspero, con gritos y reproches tras un primer tiempo que el propio Gallardo leyó como un “saca técnico”. La reacción posterior del equipo fue parcial y más ligada al orgullo que a una idea sostenida. Tras el partido, el DT suspendió la conferencia y deslizó una frase que se replicó rápido en Núñez: “No veo respuestas”. Pidió 24 horas para reflexionar, aunque en su interior la decisión ya estaba tomada.

El peso de la historia y la autocrítica

Nadie discute el lugar de Gallardo en la historia de River. Ídolo como entrenador, referente como exjugador de la casa, símbolo de una era que incluyó la final de Madrid y la identidad copera. Sin embargo, el segundo ciclo erosionó la estatua: no logró títulos, quedó fuera de la Libertadores 2026 y no potenció rendimientos. Un dato contundente resume el problema: River no ganó ninguno de los 19 partidos que empezó perdiendo 1-0. Para un equipo del Muñeco, la falta de carácter fue inadmisible.

Liderazgos diluidos y un plantel que no respondió

La evaluación interna apuntó a liderazgos insuficientes y a la ausencia de “caciques” que marquen el rumbo en los momentos adversos. La comparación con etapas anteriores —Enzo Pérez, Ponzio— fue inevitable. “Puede ser generacional. Pero hoy no hay uno que entre pateando las puertas en el vestuario”, resumió alguien que conoce la intimidad del grupo.

Inversiones, elecciones y resultados

Desde su regreso, Gallardo administró un proyecto con fuerte inversión —unos 85 millones de dólares—, probó variantes, mezcló experiencia y juventud, ajustó esquemas y buscó respuestas en nombres y formas. Los resultados no acompañaron. Ni las lesiones de último momento ni los errores puntuales explican por sí solos el declive: este River no fue el peor por mala suerte, sino por un funcionamiento que nunca terminó de aparecer.

La decisión, las charlas y el anuncio

Ya en el River Camp, el DT confirmó su salida al presidente Stéfano Di Carlo y luego se reunió con la dirigencia y el cuerpo técnico. Se acordó que el partido con Banfield sería el último. La charla con el plantel fue serena, “en el tono del video”, según testigos, con un mensaje para enderezar un momento duro. Más tarde, Gallardo grabó el anuncio oficial: dos minutos, sin guión, una sola toma, agradecimientos y silencio sobre los jugadores. Mano al corazón y cierre.

El día después

Mientras la dirigencia activó la transición —con nombres en evaluación—, Gallardo se fue como llegó: poniendo el cuerpo. Con dolor, autocrítica y la convicción de que el ciclo estaba cumplido. Volverá a ser estatua, porque su legado excede este final. Pero también porque entendió, antes que nadie, que ya no podía torcer la historia.

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