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Alertan que las pymes son el principal blanco del ciberdelito y que el error humano sigue siendo la mayor vulnerabilidad

El crecimiento del ransomware, el hacktivismo, la ciberguerra y el uso de inteligencia artificial aplicada al crimen digital impactan de manera directa y creciente en las pequeñas y medianas empresas, que hoy concentran más del 80% de los ataques de ransomware y cerca del 60% de las filtraciones de datos, muchas de ellas originadas en errores humanos.

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La advertencia surge del Anuario 2025 de Ciberseguridad, un informe que analiza la evolución del ciberdelito y los principales escenarios de riesgo para organizaciones y personas, al que tuvo acceso la Agencia Noticias Argentinas. El documento sostiene que la ciberseguridad dejó de ser un asunto meramente técnico para convertirse en un factor estratégico clave para la continuidad y competitividad de las empresas.

Según el informe, el uso intensivo de dispositivos móviles, la falta de concientización y la escasez de talento especializado colocan al factor humano como la principal puerta de entrada de los ataques. A su vez, la inteligencia artificial potencia fraudes, campañas de phishing y operaciones de ingeniería social cada vez más sofisticadas.

El relevamiento indica que el ciberespacio se consolidó como un nuevo frente de conflicto, donde actores estatales, grupos criminales y movimientos hacktivistas ejecutan ataques con fines políticos, económicos y estratégicos. Los ataques de denegación de servicio, el sabotaje de infraestructura crítica y las operaciones de desinformación forman parte de un escenario de amenazas en constante evolución.

El informe también advierte sobre un déficit global de profesionales en ciberseguridad, lo que limita la capacidad de respuesta de las organizaciones. En ese contexto, destaca la necesidad de un cambio cultural: la seguridad digital requiere liderazgo, capacitación continua y una cultura organizacional que transforme a cada empleado en un actor activo de la defensa.

Entre las principales tendencias, se destaca la consolidación del modelo de “Confianza Cero”, que parte del principio de que ningún usuario o dispositivo es confiable por defecto, y la adopción de estrategias de ciber resiliencia, que priorizan la capacidad de detectar, responder y recuperarse rápidamente ante ataques inevitables.

De cara a 2026, el anuario concluye que la prevención por sí sola ya no es suficiente. Integrar la ciberseguridad con la continuidad del negocio, proteger la cadena de suministro, asegurar copias de seguridad inmutables y capacitar al personal se vuelve indispensable para minimizar pérdidas y preservar la confianza de clientes y usuarios.

En ese marco, el informe subraya que la seguridad digital dejó de ser un costo operativo para convertirse en un elemento estratégico que define la supervivencia y competitividad de las organizaciones en la nueva realidad digital.


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