El acuerdo UE–Mercosur: impacto económico, oportunidades y desafíos de un pacto clave

El entendimiento comercial entre la Unión Europea y el Mercosur marca un punto de inflexión en la integración birregional, al vincular a dos bloques que concentran cerca del 25% del PBI mundial y un mercado potencial de 780 millones de personas. De concretarse plenamente, el intercambio podría superar los USD 150.000 millones, aunque su puesta en marcha enfrenta instancias políticas y técnicas complejas.
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El intercambio entre ambos bloques ya muestra cifras relevantes. Durante 2024, el comercio de bienes superó los 111.000 millones de euros, con exportaciones europeas al Mercosur por 55.200 millones e importaciones por 56.000 millones.
Europa adquiere principalmente productos agrícolas, minerales y pulpa de papel, mientras que el Mercosur importa maquinaria, productos químicos y farmacéuticos, y equipos de transporte. Las proyecciones estiman que, con el acuerdo en vigencia, el comercio bilateral podría crecer alrededor de un 40%.
Apertura comercial y ventajas estratégicas
Uno de los ejes centrales del pacto es la eliminación o reducción de más del 90% de los aranceles entre ambas regiones.
Para el Mercosur, esto implica mejorar el acceso de su agroindustria y de minerales estratégicos al mercado europeo, reduciendo desventajas frente a países que ya cuentan con acuerdos similares.
Para la Unión Europea, el beneficio se traduciría en ahorros anuales de hasta 4.000 millones de euros en derechos de aduana, con ventajas claras para sectores como automotriz, maquinaria, química y farmacéutica.
Además, el acuerdo propone un marco normativo más previsible, especialmente en propiedad intelectual y compras públicas, lo que podría duplicar la Inversión Extranjera Directa europea en los países del Mercosur.
Riesgos, exigencias y tensiones sectoriales
El potencial económico convive con desafíos relevantes. Las empresas del Mercosur deberán adecuarse a estándares ambientales y laborales europeos altamente exigentes, en áreas como deforestación, trazabilidad y derechos laborales, lo que demandará inversiones adicionales y cambios estructurales.
También se prevé mayor presión competitiva sobre industrias sensibles. En el Mercosur, sectores manufactureros como textil, calzado y metalmecánica enfrentarán una competencia más intensa. En Europa, el impacto se sentirá en el sector agroalimentario, ante el ingreso de productos como carne, cereales y soja.
El desafío político de la ratificación
Otro punto crítico es el proceso de aprobación. En Europa persisten resistencias de países como Francia, Polonia y Austria, principalmente por el temor de sus productores agrícolas. Para acelerar la implementación, se evalúa un Acuerdo Interino que permitiría aplicar la parte comercial desde 2026.
En el Mercosur, la falta de una estructura supranacional obliga a que cada país ratifique el tratado, lo que implica que la negativa de un solo miembro podría frenar su entrada en vigor.
Claves para las empresas
El nuevo escenario exige una estrategia activa del sector privado. Entre las principales líneas de acción se destacan el seguimiento del proceso político, el análisis de competitividad, la adaptación a normas ambientales y sanitarias, la modernización tecnológica y la integración de la sostenibilidad como eje central.
Según el análisis, el éxito del acuerdo no dependerá solo de los parlamentos, sino de la capacidad de las empresas para transformar la apertura comercial en inversión, innovación y crecimiento sostenido.
En síntesis, el acuerdo UE–Mercosur representa una oportunidad histórica, pero también una agenda de adaptación profunda, donde la competitividad, la trazabilidad, la logística y el cumplimiento normativo serán factores decisivos del nuevo mapa comercial.
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