El Gobierno encara el tramo final de campaña con un discurso de resistencia y tensiones internas

A pocos días de las elecciones legislativas nacionales, el Gobierno de Javier Milei se prepara para cerrar la campaña aferrado a una estrategia de resistencia. En la Casa Rosada analizan los comicios más como una defensa que como una ofensiva, con el objetivo de bloquear a una oposición que, en caso de imponerse, complicaría los últimos dos años de gestión.
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📲 Click AQUÍ “El mejor resultado sería consolidar el tercio necesario para sostener los vetos”, reconoció el propio presidente, dejando en claro que el oficialismo ya piensa en términos de supervivencia parlamentaria.
Dentro del círculo más cercano al mandatario, admiten que el escenario será reñido. “Podemos perder por dos puntos o ganar por dos puntos”, se entusiasman algunos funcionarios, pese a que las encuestas que manejan en Balcarce 50 son menos alentadoras. Aun así, destacan un dato: Milei detuvo su caída en los sondeos.
El apoyo público de Donald Trump sorprendió a los mercados, pero también generó preocupación por su posible repliegue si el resultado electoral favorece a la oposición. En el oficialismo confían en que el respaldo de Estados Unidos —tanto político como económico— será clave para sostener la gobernabilidad.
En Diputados, el Gobierno proyecta quedarse con unos 75 legisladores propios, más entre 14 y 15 del PRO, lo que dejaría al bloque libertario cerca de los 90 escaños. Pero la alianza con Mauricio Macri sigue tensa. El expresidente se negó a participar de la campaña y advirtió públicamente al Ejecutivo sobre la necesidad de un “diálogo político serio”. Desde el entorno de Milei respondieron con firmeza: cualquier acuerdo, aclararon, deberá darse bajo el liderazgo presidencial.
Mientras tanto, Santiago Caputo gana peso dentro del gabinete y su desembarco formal como ministro coordinador parece inminente. Guillermo Francos, por su parte, intenta mantener el equilibrio entre las facciones internas del oficialismo.
En el Senado, la situación es más adversa: los libertarios parten con apenas 13 bancas seguras y aspiran a sumar algunas más en distritos como Entre Ríos, Salta, Chaco o Tierra del Fuego. Aun así, el oficialismo seguirá lejos de tener mayoría propia.
La campaña de cierre también sufrió modificaciones. Milei decidió abandonar Córdoba y trasladar el acto final a Rosario, en un intento por acortar diferencias en Santa Fe, donde las encuestas muestran al peronismo con ventaja.
En la provincia de Buenos Aires, el panorama es de desorden. La interna entre “las Fuerzas del Cielo” y el sector vinculado a Sebastián Pareja dejó al candidato Diego Santilli en una posición ambigua. Sin comando de campaña claro, decidió apostar al conurbano y cerrará junto al Presidente en Ezeiza.
El PRO, mientras tanto, se prepara para reclamar espacios de poder en caso de un resultado adverso. Incluso, algunos bloques ya impulsan el reemplazo de Martín Menem al frente de Diputados, con el nombre de Luis Petri como posible sucesor de consenso.
En paralelo, la influencia de Estados Unidos sigue generando ruido. Barry Bennett, asesor de Trump, mantuvo reuniones en Buenos Aires con referentes oficialistas y opositores, lo que desató críticas y sospechas de injerencia externa.
Del otro lado, el peronismo busca capitalizar esa situación. Con el “abrazo a Trump” como eje de polarización, Fuerza Patria intenta retomar la iniciativa en el tramo final de campaña. Cristina Kirchner y Sergio Massa reaparecieron con mensajes críticos hacia el Gobierno, aunque sin participación directa en la campaña bonaerense.
En territorio, el PJ refuerza su despliegue con el apoyo de la CGT y de los gobernadores. Apuntan a triunfar en al menos once distritos y consolidar el liderazgo en Buenos Aires, mientras Axel Kicillof mantiene una agenda intensa en municipios del interior y el conurbano.
A días de la elección, ambos espacios enfrentan el mismo dilema: la ingeniería electoral provincial y las alianzas legislativas serán determinantes para definir cómo se gobernará la Argentina en la segunda mitad del mandato de Milei.
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